viernes, 1 de agosto de 2014

Rivalidad

Camino entre la bruma buscando una brisa de aire que me vuele los miedos. El sendero zigzaguea  en una pendiente sin fin, en un camino que no le da tregua al respiro.
Y así, como si siempre hubiese estado oculto bajo las sábanas de la cama, surge el espejo para recordarme que existe un igual, pero opuesto, que puede hacer las cosas parecidas o incluso mejor que yo. Compite por la atención que le fue robada desde el amanecer. Compite en aquello que inicia como un resplandor para convertirse en una chispa. Compite sin darse cuenta de que compite.
Entre pasos la niebla deja de ser espesa para darle lugar a la claridad, al día. El espejo es algo que lentamente va a quedar atrás con el paso de los años, algo que se va a olvidar. Pero ahora, ahora tengo que romperlo sin abrir heridas en mi mano que después dejen marcas.
Mis sueños me ahogan en preguntas de por qué y para qué, y las respuestas son algo que nunca les voy a poder otorgar. Tendré que vivir a flote e intentar nadar contra la corriente para al fin llegar a la orilla y empezar a caminar de nuevo, sin el reflejo, sin esa rivalidad que tortura hasta los recuerdos.