domingo, 9 de abril de 2017

¿Por qué?

¿Qué hay que hacer para entender lo que está pasando? Lo horrible de todo esto que estamos viviendo... en éste siglo. ¿Qué nos pasó? ¿Qué perdimos? ¿Qué nos falta? ¿Es necesario imaginar sus últimos momentos? ¿Sus últimos pensamientos para entender que no podemos seguir así?
Sí, hablo de Micaela, una más como tantas otras... una más que se podría haber evitado.
Una más que iba caminando por la calle después de una fiesta, tranquila, pensando quizás en solo llegar a su casa, ponerse ropa cómoda y poder apoyar la cabeza en la almohada... solo dormir para al día siguiente seguir con su vida. Algo que, claro, nunca sucedió.


Quizás iba distraída, quizás no lo vio... quizás sí e intentó defenderse, pero no pudo... no llegó, no volvió nunca a su casa para acostarse, para ver a su familia, para seguir su vida... porque alguien se la arrebató. Porque un hijo de puta la vio y decidió que quería que ella fuera suya, que quería excitarse con su sufrimiento, con su dolor, con sus lágrimas y con su desesperación. Imaginen, o quizás no... mejor no... pero por un instante piensen en cómo sería ir tranquila planeando cosas para el día siguiente, y que de un instante a otro alguien decida por vos que no vas a tener un mañana. Que lo único que puedas hacer en ese preciso instante sea esperar un milagro, rezar quizás para seguir viva, o para que todo termine lo más pronto posible porque es insoportable, porque el dolor... es demasiado, porque te rompieron el alma en mil pedazos usándote, haciendo con tu cuerpo lo que se les da la gana, lastimándote. Sintiéndote culpable por haber pasado por esa calle en ese preciso momento y sola... porque quizás si no hubieses pasado por ahí, nada de eso hubiese pasado...

Una más

¡Basta! ¿por qué no podemos decir basta? Me llevó todo el día de ayer y me sigue llevando tiempo terminar de procesar la aparición sin vida de Micaela, una más, una más que nos enteramos y una más que se podría haber evitado ¡SE PODRÍA HABER EVITADO!.
Nos despertamos todos los días de la misma manera. Cada día nos levantamos y realizamos nuestra rutina. Un desayuno, un café, un baño... ¿cuántas veces pensamos que nuestra vida es aburrida y rutinaria? ¿que no pasa nada interesante? pero hay un detalle, cada día vemos algo diferente, algo perturbador, algo que no debería seguir pasando. Seguro alguno de tus amigos de facebook o las personas que seguís en twitter compartieron una publicación diferente de la de ayer, pero igual que la que van a publicar mañana. Una desaparición, una chica a la que se busca con desesperación. Algo rutinario, ¿no? Digo, todos los días se publican búsquedas de personas, ¿lo notaste?
¿Cuántas publicaciones similares habré visto hoy por las redes sociales pidiendo ayuda para encontrar a diferentes chicas? Y solo hoy... ojo, que son las que nos enteramos, por que... ¿cuántas estaremos desconociendo?
Por nombrar algunas que vi hoy, solo hoy:
Araceli Fulles, Tamara Olivera, Celeste y Karen, Lorena Carrasco.
Y mientras yo estoy acá, escribiendo esto, pensando en los apuntes aburridos que tengo que leer o en que mañana tengo que ir a trabajar como todos los días, cosas típicas de la vida...; del otro lado hay alguien que llora, que sufre, que ruega encontrar a esa hija, hermana, prima, amiga, sobrina... y que espera no encontrarla... muerta. Que se pregunta a cada hora, a cada segundo cómo puede seguir con su vida estúpida y rutinaria cuando esa persona no está.
¿Y qué? ¿Tenemos que agradecer estar hoy acá, pudiendo escribir boludeces por twitter o facebook? ¿Tenemos que agradecer que familiares, nuestras amigas o conocidas no están desaparecidas y no tenemos que preocuparnos por ellas? Es que... ya no me quedan muchas palabras para expresar lo que esto me hace sentir, lo que esto me causa, porque es siempre lo mismo. Siempre lamentamos una muerte más, siempre lamentamos una desaparición más y siempre agradecemos que no seamos nosotras, hasta que nos toque.
Y sabemos que mañana va a haber otra desaparecida; y sabemos que va a aparecer alguien más... muerta; y sabemos que de muchas otras no nos enteramos. Claro, también cuando aparece alguien viva, la tildan por estúpida, por una idiota que solo se escapó de la casa para llamar la atención... No se olviden, no se olviden que seguimos siendo nosotras las culpables de todo esto, las gilas que salimos en pelotas, que salimos a provocar o que salimos a arriesgarnos por andar solas en medio de la noche. También somos las que no podemos vivir tranquilas, ¿no? las que tenemos que aprender a andar con cuidado y con ojos por todos lados porque sabemos que en cualquier lugar o en cualquier momento alguien nos puede agarrar solo porque tiene ganas, solo porque tiene más fuerza, y hacer lo que se les cante el orto con nosotras, con nuestro cuerpo, con nuestra vida. ¿Somos nosotras las que exageramos? ¿Que exageramos con las muertes, con que nos están matando, con el pedido de #niunamenos? Sí, pasó siempre, pero hoy que podemos hacer algo, que intentamos hacer algo, nos tildan de feminazis, nos tildan de hipócritas. Mientras tanto, claro, aparece el cuerpo de micaela en un descampado, violada, estrangulada, golpeada. Y nosotras exageramos. Se creen seres superiores, se creen que tienen el derecho de dominar cuanto les rodee, se creen que tienen sirvientas, que nosotras solo servimos para estar en una cocina o siendo madres... y cuando nos levantamos, cuando queremos luchar, siguen rebajandonos, siguen queriendo dominarnos, minimizarnos... porque no tenemos derechos a pedir por nuestra vida, por nuestra libertad, por nuestra tranquilidad.
Ya no me quedan palabras porque es historia repetida. ¿Podremos ser realmente libres? Quizás, algún día.