Intentemos, probemos separar los párpados y mirar.
Hay que abrir los ojos por nostrxs mismxs. Desde que nacemos nos enseñan a mirar como los demás. Nos enseñan a vivir como ellxs vivieron. Nos enseñan a no pensar.
Nos enseñaban que la mujer es la que hace todo en casa y que el hombre es quien sale a trabajar para traer la plata. Nos enseñaban a cerrar la boca y solo mirar o acatar órdenes.
Hoy, la realidad sigue siendo la misma. No, las mujeres no conseguimos el respeto. Conseguimos hacer más, trabajar el doble y hacer siempre el doble de todo. Porque seguimos siendo esas mujeres enjauladas en las casas que tienen que limpiar, cocinar, criar a sus hijos, trabajar, entre otras muchas cosas. Cosas que pasan en cada casa, en cada vida.
Pero, lo más indignante, lo más frustrante, es ver cómo el machismo se aferra al corazón de cada mujer. Nos enseñan a vivir en el machismo, nos enseñan a ser mujeres machistas que creen que tienen que ser lo que sus madres fueron. Nos enseñan que nosotras tenemos que legar el machismo.
El problema en este mundo, es que jamás nos enseñan a abrir los ojos y a pensar por nosotrxs mismxs. No nos enseñan a ver ni a hablar, sino a repetir, a memorizar. Porque somos peligrosxs para todo lo que hoy conocemos.
Queda en nosotrxs retirar las capas que velan nuestra razón y nuestra vida.
Y yo no digo que hay hombres que no hacen nada más que trabajar. Esta realidad no hace referencia al rol del hombre ni al de la mujer. Hace hincapié en la forma en que, como máquinas que absorben su entorno, tanto hombres como mujeres somos arrastrados a pensar y ver como otros. A vivir como otros.
Machismo y feminismo. Ni un extremo, ni el otro.
¿Cómo vivir en un mundo al que jamás se le dio la posibilidad de nacer?
Pase lo que pase, digan lo que digan, el machismo va a seguir existiendo porque nacemos bajo él.
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