sábado, 3 de enero de 2015

Corazón abierto

Es que pienso demasiado. Se me mezclan las ideas, se me pierden los recuerdos y se me borra la imaginación. Pienso demasiado para generar mi conformidad y quizás ese es mi peor error.
Ruego porque las palabras vuelvan a salir de mi boca, pero tal vez no salen porque ya no tengo nada que decir. O quizás no tengo nadie que lo escuche. Mi grito es como el árbol que cae pero nadie lo escucha. ¿Grito? ¿Hablo? ¿Me ahogo?
¿Dónde están las palabras que luchan para unirse en la revolución de otros labios? ¿Dónde está mi voz?
Recuerdo mi objetivo, recuerdo mis ganas de golpear el corazón y acariciar el alma. Recuerdo cómo plasmaba mis sentimientos palabra por palabra... y todo ello queda en recuerdo.
¿Cuál fue mi punto de quiebre?
Fue como tomar una goma e intentar borrar la tinta. Borra algo, pero nunca lo borra por completo. Perdí de vista mis sentimientos en una ventisca. Se mezclaron. Se perdieron. Se volvieron incomprensibles.
Se quedó mi corazón abierto.
Quedé vulnerable.
Es una lucha constante entre intentar hablar e intentar callar. Son como esos sueños en que estás en peligro e intentas gritar, pero la voz no te sale porque está atorada en tu garganta.
No tengo palabras.
Ya no tengo nada más que decir.
No hay quien lo escuche.
No hay quien quiera escuchar.
No hay quien quiera hablar.

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