miércoles, 3 de julio de 2013

El dolor de decir adiós

Querido Dia…
Me siento demasiado idiota haciendo esto, pero no sé de qué otra forma soltar lo que me agobia. Es como volver a la infancia, donde escribir un diario íntimo era lo más personal que podías tener… pero, ¿es un diario íntimo? No lo sé, solo sé que de alguna manera quiero soltarlo, y esta no me parece una mala manera. Al menos, es la mejor de tantas otras que se me han pasado por la cabeza.
Siento un nudo en mi garganta que amenaza con explotar. Siento un agujero en el pecho que me suplica por algo que no se. Me dan ganas de llorar a todo momento y no sé donde ocultarme. Mi cuerpo tiembla en busca del llanto, en un vano intento de aliviar mi alma…
Sé que me muestro fría y dura, pero la verdad es que por dentro siento mi frágil corazón. Ruego por un abrazo consolador que sé que no va a llegar nunca más, y sueño con sostener esa mano que nunca más me va a acariciar. Extraño sus palabras, sus labios, sus susurros y hasta sus caprichos. Extraño verlo reír y llorar, extraño verlo enojado conmigo. Lo extraño a él, pero nunca más me va a acompañar.
Ha pasado un año desde su partida, pero sigo sufriéndola como el primer día. Ya no me muestro de la misma manera con nadie, ni me abro a las personas. Soy como un ataúd que encierra el cuerpo que nadie quiere ver, o en este caso, mi interior. Todos hablan por demás, porque todo lo que dicen yo no lo quiero escuchar y porque tienen boca para usarla. Solo quisiera escuchar su voz diciéndome que todo va a estar bien, o solo quisiera alguien que me acompañara en mi silencio. Las personas están hechas para hablar y dar consejos cuando no son pedidos o cuando se está demás.
Me duele, me duele y me va a seguir doliendo. Yo nunca elegí vivir sin él, y entonces… ¿por qué se fue? ¿Por qué me dejó sola en este mundo tan cruel? Así es como me siento, sola, profundamente sola.
Si tan solo pudiera verlo una vez más. Si tan solo… pudiera estar con él una vez más. Se fue dejando un vacío profundo en mi interior, y cada día que pasa, lo extraño aún más. No aprendo a vivir sin él, sin sus recuerdos, sin sus “te amo”.
Me tiemblan las manos y me ahogo en un profundo llanto que no quiero soltar. ¿Y si nadie me vuelve a querer como lo hizo él? ¿Y si estoy destinada a vivir sola por el resto de mi vida?
No quiero un reemplazo… ¡lo quiero a él!
Me siento sola, sola, demasiado sola… y aunque hoy no esté a mi lado, siempre lo voy a amar.
Ya… ya no puedo… no puedo escribir… Me ahogo en este llanto que me desespera y me llena de temor. Me tiembla el cuerpo y me duele el corazón más que nunca… por favor, por favor… ¡que pare!
No quiero estar más sola, no quiero… volvé… ¡volvé!

No hay comentarios:

Publicar un comentario