Recuerdo cuando te recostabas en el banco y te llevabas un libro con vos. Recuerdo cuando leías esas bellas palabras para que el viento te escuchara y recuerdo como te detenías para oír una respuesta de la naturaleza.
Tu voz dulce resonaba en mis oídos y recorría mi cuerpo vacío hasta llegar a mi corazón para llenarlo con la pasión de tu lectura. Cuando, a veces, te parabas para acariciar el banco, las hojas muertas o los árboles que te rodeaban, sentía como si acariciaras mi alma, porque eras una de las pocas personas que sabía que estaba ahí. Y cuando te fuiste, cuando no volviste más, yo sentí que me fui con vos, porque estaba atado a tu voz y a tu corazón.
Cuando fuiste libre, mi alma fue libre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario